Lo que no se nombra, no existe
Lo que no se nombra no existe, al menos para quien no lo conoce. Otra cosa es lo nombrado y clavado en el corazón a martillazos.
Cuando yo solía escribir a latigazos no necesitaba de disquisiciones mayores que las que me permitían teclear no sé cuantas veces al minuto. Pero cuando el lenguaje pierda esa gracia espontánea, siempre llega el miedo. El que atenaza, el que te hace plantearte aquello que nunca quieres responder. El calor sofocante que aplasta cerebros que algún día brillaron y actuaron.
Junio y los puñeteros exámenes, o cuando te das cuenta que estás a las puertas de tu último año, ¿quien mandó correr el tiempo?
Algo falla.
Y suena una corneta, y guitarra, y flauta y toda la música de la creación es poca.
Y los recuerdos se diluyen, se pierden mediante medidos compases.
Picasso o el arte como mentira que nos hace conocer la verdad.
Quimeras en mi garganta. O escuchar Santo Traslado cualquier noche en aquel Seat Córdoba.
"Game over".

Ale dijo
No nombres el tiempo. Quizá así no exista...
19 Junio 2008 | 05:45 PM